Patrilda

Tuesday, October 11, 2011

CUENTOS DE UNA VEZ


Es temprano y ya me he tomado tres copas, vino tinto a medias y algo mas que no recuerdo...
Me he tomado tres besos suyos, un caricia en mis pechos (tócalos, no importa si nos están mirando) y algo que me excitó tanto que si recuerdo exactamente qué es, pero no quiero contarlo...
- ¿Nos vamos?
- Claro...
Él es así. Dice “claro” o dice “sí” con una seguridad que me pone más cachonda... aunque con lo otro me puso cachonda y no, no te lo quiero contar.
Pero no puedo esperar hasta que lleguemos al hotel, quiero meter mi mano por entre su pantalon y encontrarme con su miembro.
Quiero saber si está tan duro como mi mente. Y le pregunto mientras está conduciendo: “¿puedo comérmela un poquito?” y él contesta “claro.”
¿Alguien ha ido en coche desde un punto al hotel con un miembro en la boca? Al llegar le pido que no se mueva. Apaga el el motor y me subo sobre él a horcajadas, quítame la ropa, quítame los tacones... Y métemela.

Tenemos tiempo, lo sé, pero necesito sentirle dentro mientras me besa los labios y siento que va a salir bien. Qué hermoso ese momento, dicen, en que te miras en sus ojos unos segundos, y ya sabes que todo va a ir bien.
Se le quitan los miedos y los pudores, y te llegan las ganas y las pasiones, y la seguridad de que sí, esta noche sí, esta noche tendrás un despertar con un buen recuerdo. Él es poderoso, mezcla perfecta de cariño y deseo, de todas las experiencias que ahora, me regala a mí para hacerme disfrutar, y de todas las que me entrega para disfrutarme él a mí.

En la cama son gemidos los que se mezclan con palabras (“¿me dejas que mientras me la metes me toque al mismo tiempo?” “-claro”) y es que es noche compartida y mañana más compartida aun, nos comemos, nos devoramos, nos cogemos otra vez más...
Me gusta su calor envolviéndome entre las sábanas... pero no sé qué me gusta más, si su lengua rodeando mi parte baja y mi clitoris para luego deleitarse con él y matarme de placer o sus caricias descubriendo un cuerpo que hasta hace unas horas le era totalmente desconocido.

Luego buscamos un rato de compañía: charlamos y esas cosas que hacen las personas que se acaban de cogerpor primera vez, aunque se hayan cogido ya cuatro veces.

Al inicio de la tarde, se marcha.
Nos despedimos en corto, “-cuídate”, “-tú también.”
Y lo veo partir...
Y ya pienso en volver a verlo pronto...
No hace falta preguntar…
su respuesta será, como todas:
“-claro...”

(no escrito por mi, sino por el... con la intencion de que hubiese sido yo)